VÍDEO | Mojados hace gala del histórico paso de Carlos V por la villa para forjar el imperio donde nunca se ponía el sol

El pasado de nuestros pueblos es ese legado que pasa de generación en generación y que por supuesto hace grande a cualquier territorio. La provincia de Valladolid tiene el privilegio de seguir contando acontecimientos relevantes a lo largo de los siglos, y que en muchos de los casos fueron el inicio o la transformación de algún acontecimiento reseñable en nuestro país, o incluso, en el mundo. Y precisamente, en ese afán de contar y ensalzar el pasado, Mojados ha cumplido de nuevo con todas las expectativas y ha vuelto a hacer gala de la visita de Carlos V a la villa pinariega allá por 1517 y donde se puede decir que se fraguó el eterno imperio sin noche del emperador. El poderoso Carlos V, antes de ser rey, pisó por las calles de Mojados, villa que tuvo el honor de presenciar y ser escenario de un acontecimiento histórico, el encuentro de los infantes de Habsburgo.

Este capítulo trascendental en la historia y vida de Carlos V tuvo lugar en tierras vallisoletanas, y Mojados no solo lo recuerda con una preciosa recreación histórica en el inicio de cada verano, sino que se rinde a su figura y narra toda su herencia de forma permanente en un Museo dedicado a su figura. La gran puesta en escena que desarrolla cada año Mojados en torno al acontecimiento entre dos emperadores, una reina y un papa de Roma, ha vuelto a poner al municipio en el mapa nacional este fin de semana con múltiples actividades y citas gastronómicas. Miles de vecinos y visitantes, incluso ataviados de época, han llenado las calles y las emblemáticas plazas de Mojados durante este primer fin de semana de julio para disfrutar de una ruta teatralizada que se enmarca todo ello en una feria renacentista de primer orden con productos de la tierra y artesanía.

La recreación de ‘Mojados, Corazón de un Imperio’ ha tenido lugar este sábado 6 de julio su día grande con el pasacalles y el desfile de las comitivas de los Infantes Carlos y Fernando de Habsburgo, el encuentro de los Cortejos Reales y la imposición del Toisón de Oro. Todo ello en una engalanada Plaza de San Juan, a los pies de templo del mismo nombre que preside la villa vallisoletana. Pasadas las 20.30 horas, llegaba hasta el corazón de Mojados el cortejo de los dos infantes, su hermana Leonor, y el cardenal Adriano de Utrecht, preceptor de Carlos, que llegaría a ser el Papa Adriano VI. Fernando fue el primero en pisar la villa a lomos de su caballo con la bandera de Castilla, rodeado de nobles y damas castellanas y sencillas gentes de la villa. Por otro camino, en concreto por el de Matapozuelos, llegaban Carlos y Leonor en un hermoso carruaje tirado por dos elegantes caballos negros y todo su séquito.

Recreación del encuentro de los hermanos Habsburgo en Mojados | Valladolid Plural

Este acontecimiento histórico está aún vivo entre los vecinos de Mojados, y que precisamente, los pequeños y jóvenes de la localidad lo siguen sintiendo como propio. La peculiaridad y a la vez lo más llamativo, es que el municipio prepara y viste a los quintos de cada año para que encarnen a los principales personajes y parte del cortejo real con el fin de que todo sea una escena propia y natal de lo que fue la estancia de Carlos V para aquella humilde Mojados del siglo XVI. Los protagonistas están deseando que llegue su momento, al cumplir los 18 años, para poder representar el papel más importante de su vida en su pueblo. Aquel 11 de noviembre de 1517 los vecinos de Mojados fueron unos privilegiados por ser testigos del inicio del histórico imperio del que decían que nunca se ponía el sol, y no para sufrir una guerra sino para llegar a un acuerdo entre emperadores, y hoy en pleno siglo XXI, los vecinos de la actual Mojados pueden sentir lo que sintieron sus antepasados.

Un joven, recreado en el papel del príncipe Carlos, llegaba a Mojados, tras la visita a su madre la Reina Juana la Loca en Tordesillas, y permanecía dos días en la villa mojadense. Aquí, entre los templos de Santa María y San Juan, a las orillas del río Cega, conoció a su hermano Fernando, sobre quien hizo valer su papel de primogénito y sus derechos sucesorios para heredar los reinos que le correspondían y enviarle fuera de Castilla, encargándole el gobierno de otros reinos centroeuropeos. Una vez que los infantes pisaron Mojados y se conocieron, los vecinos de la villa les agasajaron con ofrendas y bailes tradicionales al son de un coro medieval. El momento culmen del encuentro entre ambos poderosos se rompió solo con la imposición del histórico Toisón de Oro. Posteriormente, un sonoro aplauso de los presentes hizo recordar que todo era una recreación y que volvíamos al presente, al 2024.

Las danzas tradiciones de Mojados pusieron el broche a la recreación histórica que lleva realizándose en el municipio vallisoletano desde hace 17 años y que cada edición ha ido cogiendo forma hasta ser una de las citas claves del verano en toda la provincia de Valladolid, y visita obligatoria dentro de las Rutas Europeas de Carlos V. Este año, el Ayuntamiento de Mojados hizo valer su papel y peso en la fundación del mismo nombre con el nombramiento del gerente de las Rutas, Quintín Correas, como Aposentador de la villa. Una proclamación que sirvió también para inaugurar en la tarde de este viernes la Feria Renacentista en las inmediaciones de la Casa Consistorial y Santa María. Además, el municipio mojadense completa esa festividad en torno al emperador del mundo Carlos V con una ruta de tapas, exhibición de aves rapaces, paseos en poni, atracciones infantiles o espectáculos de fuego y circo.

Mojados, sin duda, marcó un antes y un después en el camino del emperador Carlos V, tanto es así que tras el histórico encuentro familiar con su hermano Fernando, tuvo lugar en 1518 su juramento como rey de Castilla, en las Cortes reunidas en Valladolid, y posteriormente hacer lo propio como monarca de Aragón y del Reino de Navarra. Ya en 1519, Carlos sería elegido en Fráncfort del Meno como nuevo soberano del Sacro Imperio Romano Germánico. De esta manera, la villa pinariega fue un hito para Carlos V, y por supuesto, para el corazón de su imperio.

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